miércoles, 13 de julio de 2016

el lado oscuro de bogotá

             el lado oscuro de las ollas de bogotá

El negocio del narcotraficante en las ciudades es complejo y ha aumentado poco a poco. El mercado funciona de la siguiente forma: la cocaína la transportan en cargamentos que no superan los 15 kilos, desde regiones como el Pacífico colombiano, y llega a unas casas o zonas de acopio en las fronteras de la ciudad destino. Aquí existe una relación directa entre una banda criminal y unos delegados, estableciendo el primer nodo del negocio.
En el sitio de acopio, la droga se divide en cargas de hasta 4 kilos, para llevarlas hasta las denominadas ollas madre en las ciudades. Allí se completa el segundo nodo, que es la relación entre el intermediario y el administrador de la olla madre o el gancho. En este nodo la droga se cuartea, se le modifica la pureza para hacerla rendir y se arman papeletas con la droga.
El jefe o administrador del gancho tiene una red de ollas barriales. Les lleva la droga en las famosas “bombas”, que son paquetes con hasta 100 papeletas. Este es el tercer nodo, en el que el dueño de expendio barrial sólo conoce al jefe de la olla madre y no hay relación con las otras partes de la cadena.
Finalmente, el jefe barrial reparte su producto entre una serie de agentes, a los que se les conoce como taquilleros, que venden la droga en parques o calles. En toda esta estructura cada nodo es independiente y sólo los une la mercancía. Así funciona el negocio del narcotráfico de las ollas en Bogotá, Medellín y Cartagena, un desafío para la Colombia del posconflicto y un reto para la seguridad 
                                     

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